top of page
CONCHA MUÑOZ DE MORALES BAEZA

Yo era una niña cuando me confesaba con Don Tiburcio y a mí no me gustaba hacer las camas y me enfadaba con mi madre, entonces Don Tiburcio me dijo:
-Cuando se te resistan las cosas piensa en la Virgen, como si lo hiciese ella intentando imitarla con ese amor y cariño con el que ella lo haría todo.
Esto no se me ha olvidado nunca. Es aquello que te llega al alma, ese propósito de la enmienda. En la capilla nos daba las charlas. Para mí fue la primera pista, la vía y el puntal de la iniciación de mi fe.
En el año 1950 hubo Misiones en Daimiel. Participábamos muchas niñas de 10 ó 12 años haciendo pequeños corros en la iglesia de San Pedro para dar catequesis. A los niños se les regalaba un plumier. Todo movido por él, luego participé  en los círculos de Acción Católica  y de allí salía luego la Santa Infancia.
En casa de mis suegros contaban que los hijos eran traviesos y un día fue a la casa Fernandico el sacristán a decirle que quería Don Tiburcio hablar con ellos porque se subían a la torre y mataban palomas y lo primero que dijo:
-No quiero que castiguen a los niños, no es un motivo de castigo sino de corregir y les explicó lo que hacían.
Claro que mis suegros luego los castigaron, pero no por gusto de Don Tiburcio.

© 2013

    bottom of page