D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa
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Se gastó por nosotros, víctima de su negarse a sí mismo, lleno de amor y caridad.
Protector de la Familia
CRISPÍN RUÍZ DE LA HERMOSA HERNÁNDEZ
Creo que vale la pena hacer todo lo que sea posible para que se conozca la vida de Don Tiburcio, aunque yo hoy no soy católico he leído mucho la Biblia durante cincuenta años. Hay una opinión general de ser una persona maravillosa para la que no había partidos, solo era Dios y el amor verdadero. Tenía una buena convivencia, niños y mayores le querían.
Yo tengo en casa una fotografía de él. Era del pueblo, de toda la gente, de todos: ricos y pobres. Iba por la calle fuese quién fuese, amable para todos. Tenía un habla espiritual en la vía pública, mañana y tarde, siempre sensacional en relación a Dios. En casa se le quería, era la amistad y la intimidad de la familia, la conversación en casa siempre. Era un sacerdote de alto rango, se le quería mucho más que a ningún sacerdote. Entonces a este hombre no le molestaron ni de izquierda ni de derecha, ni de arriba ni de abajo. El representaba el hablar, querernos y entendernos.
Don Tiburcio era primo de mi padre.