D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa
P
PP
Se gastó por nosotros, víctima de su negarse a sí mismo, lleno de amor y caridad.
Protector de la Familia
ISIDORA OLIVA CORDOBA
Yo tenía 9 años cuando murió Don Tiburcio, pero me acuerdo de él perfectamente. Era muy bondadoso, en cuanto lo veíamos los niños salíamos corriendo a besarle la mano o el crucifijo. El nos hacía una caricia en la cabeza. Mi madre, Encarna y mi vecina Felipa, fallecidas contaban muchas cosas de él. ¡Qué tarde para buscar ahora gente, qué lástima!. El pueblo lo quería con locura. Hacía mucho por los pobres y los enfermos, siempre dando consuelo, apoyaba mucho a la gente. En guerra nadie se metió con él, él no se escondió porque todo el pueblo lo quería.
Hacía mucho por la humanidad, iba a las casillas del campo donde había gente enferma y gente que moría allí con mucha pobreza y él los visitaba y consolaba. La gente decía que era milagroso, visitaba los patios y allí se sentaban las mujeres a coser, por entonces no se tenían tantas agujas y una vez estaba con las vecinas y se perdía a alguna la aguja y buscaban y no la encontraban, entonces llegaba don Tiburcio y de pronto decía :
- ¡Mira la aguja!
Ellas decían pero si no puede ser si he mirado ahí dos o tres veces.
Daba mucho consuelo y mucho ánimo, era como un sicólogo.
Mi abuela contaba que antiguamente como decían que se aparecían los padres y eso, pues había un niño huérfano que decía que su madre venía al mundo y el niño chillaba mucho y había una habitación dónde no podía pasar, entonces unas tías del niño llamaron a Don Tiburcio y éste le dio una cruz en la mano y le dijo al niño que pasara por todos los rincones de la habitación y el niño ya no se asustó más.
Mi madre decía que cuando iba a confesar y decía alguna mentira que había dicho sin querer Don Tiburcio le decía, eso no es pecado eso son “mentiras por componer”.
Cuando murió, nuestra maestra doña Dolores Mauri y todas las maestras del colegio del “Hospitalillo” nos llevaron al entierro, acudió todo el pueblo porque el pueblo lo quería con locura.