top of page
SIMONA GARCIA CARPINTERO SANCHEZ CAMACHO

Yo lo conocí y en casa lo queríamos mucho. Teníamos muchas ganas de hacer esto de los papeles para don Tiburcio. Tenía una estampa suya y la he besado tanto  y  le he rezado tanto, ahora no tengo esa estampa, a ver si hubiera alguna que pago lo que haga falta.
Llegábamos temprano a la iglesia o a su casa a hacer hora. Iba a mi casa y se sentaba, solo por visitarnos o por llevar la Comunión a mi padre. Hablaban siempre de cosas de iglesia o bien lo acompañábamos a la iglesia. A mi hermana Consuelo la visitaba mucho porque estaba enferma y pasaba horas hablándome de los Sacramentos. Mejor imposible, te cogía la mano siempre para saludarte con más cariño todavía.
Cuando estaba malo estuvimos visitándolo y rezábamos y él contestando lo que podía, estaba ya muy enfermo. Mi madre y yo lo queríamos como si fuera nuestro padre, con esa cara de simpatía, no cambiaba su carácter, nunca se despistaba, siempre te veía. Llevó la enfermedad muy bien y con mucha resignación.
El no guardaba un día de Confesión sino que confesaba diariamente, incluso en la sacristía.

© 2013

    bottom of page